Subject: Woody Allen sigue a Juliette por las calles de Barcelona
Familia y amigos,
Si a veces me quedan dudas de que las cosmocasualidades existan, la que les voy a contar viene a dar por tierra con todas las dudas... Hallábame paseando por el barrio gótico de Barcelona - habiendo ya visitado la Pedrera y la Sagrada Familia, como corresponde a todo "guiri" que se precie - cuando de repente, Marianete distinguió algo que parecía ser un rodaje. Nos encaminamos hacia el tumulto, con la leve sospecha de que mi "fotovisión", como dice Néstor, estaba peligrosamente cerca de concretarse (de chica me imaginaba que algún día viajaría a Nueva York y me encontraría con Woody en persona, caminando por la calle, como a algunos ya les había sucedido y, cuando supe que él estaba en Barcelona, me pasé todo el viaje de ida diciendo que me lo iba a encontrar). Llegamos al lugar y, en efecto, se trataba de Woody, que rodaba en el barrio gótico (casualidad primera: el día anterior, Andreu, que nos alojó en su casa, insistió con que fuéramos al barrio gótico, pero yo estaba flipando tanto con el modernismo que no tenía tantas ganas de volver al medioevo; no obstante, le hice caso, porque lo recomendaba con tal ímpetu que temí que se enojara). El lugar estaba lleno de policía y custodia, y el señor Allen estaría metido por una de las callecitas, por lo que era imposible verle. Resignados, estábamos a punto de irnos, cuando distinguimos a dos personas que observaban todo desde un balcón, poseedores únicos de una vista privilegiada. Envidiando su ubicación, hice foco en uno de ellos, un veinteañero muy guapo, y cuál no fue mi sorpresa al discernir (oh, casualidad) que el divo del balcón era nada más y nada menos que mi primo segundo, Ezequiel Berubi, que vive en Barcelona desde hace años (había estado tratando de conseguir su mail pero la velocidad de los acontecimientos me lo impidió). Ni había terminado de sorprenderme cuando hicimos contacto visual y gritamos "primo/a", a coro. Los gritos desde el balcón impacientaron a los monos de seguridad, que me miraron muy mal, y me pareció que lo más sensato era huir.
Ezequiel me hizo señas, subimos, nos saludamos, él me mostró su nuevo departamento en construcción, tomamos posición en el balcón y esperamos a que saliera el ídolo. Mientras yo emitía gritos de histeria al mejor estilo Beatle - los monos me querían matar - Ezequiel y sus amigos escribían una tela blanca, a modo de bandera, con la inscripción "Woody, entregá a Scarlett". Una pendejada de proporciones bíblicas, como dice Marianete. La cerveza no tardó en llegar, nos quedamos un rato mirando y, de repente, ¡salió Woody! En síntesis, todos los hechos se acomodaron para que yo pudiera ver la calva de Woody en vivo y en directo durante varios minutos.
Hasta acá, ya estaba bastante excitada, no paraba de repetir que había vivido una epifanía homérica (por el Simpson) y que era increíble que los astros se hubieran puesto de acuerdo para que fuera precisamente mi primo el propietario del balcón con vista a la pelada del ídolo. Mariano estaba hasta las bolas y me preguntaba "si tanto te gusta Woody, ¿por qué no te vas con él?", a lo que yo respondía que, a todas luces, las judías no son su primera elección en materia femenina.
Quedaba no obstante el problema de la credibilidad. Sin pruebas, nadie en Argentina me iba a creer que había visto a Woody... Esto vino a resolverse al día siguiente cuando, paseando por el Park Guell, al que nos llevó Andreu en auto, nos encontramos con Woody paseando por el parque (ahí surgió la broma de que era él quien nos perseguía, porque la casualidad ya se nos hacía insuficiente como explicación). Esta vez, gracias a la cámara de Andreu y a su habilidad para escabullirse entre la policía y la seguridad privada, pudimos tener un close up de Woody. El resultado es un video de unos segundos donde se ve a Woody paseando y a mí atrás, como una boba, festejando que lo había tenido a medio metro de distancia.
Pueden ver el videito en http://es.youtube.com/watch?v=q7unwbF7Gdo
Y en cuanto a Barcelona, bien, Gaudí es un divo y los amigos de Marianete nos trataron increíble. Por insistencia de mamá, extendí la fecha de regreso a Madrid, me patiné unos euros más y me di el gusto de ir al museo de Dalí, que queda como a 150 kmts de Barcelona. El pasaje de ida en tren no es barato, y tampoco la comida ni la entrada al museo, pero gracias a un cabreo del madrileño que me acompaña, la vuelta en tren fue gratis: estábamos en la cola, el tren a punto de salir, nadie nos decía si se podía o no comprar boleto arriba y, ante la duda, nos mandamos, pero el inspector nunca llegó (o tal vez vino y se asustó con los ronquidos de mi acompañante). En Barcelona gasté muchísimo dinero en comida, pero me mandé unas paellas, unos licores de hierbas, unos panes de tomate y unos fideuá alioli catalanes que quedarán por siempre en la memoria de mi paladar... y de mi bolsillo.
Los beso desde Madrid, estoy de vuelta en 7 días,
Juliette
Familia y amigos,
Si a veces me quedan dudas de que las cosmocasualidades existan, la que les voy a contar viene a dar por tierra con todas las dudas... Hallábame paseando por el barrio gótico de Barcelona - habiendo ya visitado la Pedrera y la Sagrada Familia, como corresponde a todo "guiri" que se precie - cuando de repente, Marianete distinguió algo que parecía ser un rodaje. Nos encaminamos hacia el tumulto, con la leve sospecha de que mi "fotovisión", como dice Néstor, estaba peligrosamente cerca de concretarse (de chica me imaginaba que algún día viajaría a Nueva York y me encontraría con Woody en persona, caminando por la calle, como a algunos ya les había sucedido y, cuando supe que él estaba en Barcelona, me pasé todo el viaje de ida diciendo que me lo iba a encontrar). Llegamos al lugar y, en efecto, se trataba de Woody, que rodaba en el barrio gótico (casualidad primera: el día anterior, Andreu, que nos alojó en su casa, insistió con que fuéramos al barrio gótico, pero yo estaba flipando tanto con el modernismo que no tenía tantas ganas de volver al medioevo; no obstante, le hice caso, porque lo recomendaba con tal ímpetu que temí que se enojara). El lugar estaba lleno de policía y custodia, y el señor Allen estaría metido por una de las callecitas, por lo que era imposible verle. Resignados, estábamos a punto de irnos, cuando distinguimos a dos personas que observaban todo desde un balcón, poseedores únicos de una vista privilegiada. Envidiando su ubicación, hice foco en uno de ellos, un veinteañero muy guapo, y cuál no fue mi sorpresa al discernir (oh, casualidad) que el divo del balcón era nada más y nada menos que mi primo segundo, Ezequiel Berubi, que vive en Barcelona desde hace años (había estado tratando de conseguir su mail pero la velocidad de los acontecimientos me lo impidió). Ni había terminado de sorprenderme cuando hicimos contacto visual y gritamos "primo/a", a coro. Los gritos desde el balcón impacientaron a los monos de seguridad, que me miraron muy mal, y me pareció que lo más sensato era huir.
Ezequiel me hizo señas, subimos, nos saludamos, él me mostró su nuevo departamento en construcción, tomamos posición en el balcón y esperamos a que saliera el ídolo. Mientras yo emitía gritos de histeria al mejor estilo Beatle - los monos me querían matar - Ezequiel y sus amigos escribían una tela blanca, a modo de bandera, con la inscripción "Woody, entregá a Scarlett". Una pendejada de proporciones bíblicas, como dice Marianete. La cerveza no tardó en llegar, nos quedamos un rato mirando y, de repente, ¡salió Woody! En síntesis, todos los hechos se acomodaron para que yo pudiera ver la calva de Woody en vivo y en directo durante varios minutos.
Hasta acá, ya estaba bastante excitada, no paraba de repetir que había vivido una epifanía homérica (por el Simpson) y que era increíble que los astros se hubieran puesto de acuerdo para que fuera precisamente mi primo el propietario del balcón con vista a la pelada del ídolo. Mariano estaba hasta las bolas y me preguntaba "si tanto te gusta Woody, ¿por qué no te vas con él?", a lo que yo respondía que, a todas luces, las judías no son su primera elección en materia femenina.
Quedaba no obstante el problema de la credibilidad. Sin pruebas, nadie en Argentina me iba a creer que había visto a Woody... Esto vino a resolverse al día siguiente cuando, paseando por el Park Guell, al que nos llevó Andreu en auto, nos encontramos con Woody paseando por el parque (ahí surgió la broma de que era él quien nos perseguía, porque la casualidad ya se nos hacía insuficiente como explicación). Esta vez, gracias a la cámara de Andreu y a su habilidad para escabullirse entre la policía y la seguridad privada, pudimos tener un close up de Woody. El resultado es un video de unos segundos donde se ve a Woody paseando y a mí atrás, como una boba, festejando que lo había tenido a medio metro de distancia.
Pueden ver el videito en http://es.youtube.com/watch?v=q7unwbF7Gdo
Y en cuanto a Barcelona, bien, Gaudí es un divo y los amigos de Marianete nos trataron increíble. Por insistencia de mamá, extendí la fecha de regreso a Madrid, me patiné unos euros más y me di el gusto de ir al museo de Dalí, que queda como a 150 kmts de Barcelona. El pasaje de ida en tren no es barato, y tampoco la comida ni la entrada al museo, pero gracias a un cabreo del madrileño que me acompaña, la vuelta en tren fue gratis: estábamos en la cola, el tren a punto de salir, nadie nos decía si se podía o no comprar boleto arriba y, ante la duda, nos mandamos, pero el inspector nunca llegó (o tal vez vino y se asustó con los ronquidos de mi acompañante). En Barcelona gasté muchísimo dinero en comida, pero me mandé unas paellas, unos licores de hierbas, unos panes de tomate y unos fideuá alioli catalanes que quedarán por siempre en la memoria de mi paladar... y de mi bolsillo.
Los beso desde Madrid, estoy de vuelta en 7 días,
Juliette
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