Subject: 40 grados a la sombra
Qué más da, antes de la vuelta, uno más.
Conocí Granada, finalmente. La Alhambra bien, nos habían dicho que era una de las siete maravillas del mundo, pero resultó ser luego que es la novena - o sea, no clasificó - así que, si quiero ver una maravilla antes de morir, no me quedará más remedio que viajar al Taj mahal (quién te dice, con esto de la enseñanza de español a extranjeros, en la primera de cambio me toca en la India). Vi el lugar donde vivía el Sultán: tenía una habitación para él y otras 4 para sus cuatro esposas oficiales, más otro sector reservado a concubinas varias. Todos los visitantes experimentamos la misma sensación: los hombres deseaban haber sido sultanes, para tener muchas mujeres, y nosotras deseamos haber sido esposas del susodicho, para vivir en el lujo del palacete (cierto que sexo les tocaba de vez en cuando, a causa del sistema rotativo, pero la ventaja de tener compañeras con las que criticar al sultán es un placer equivalente, y eso sin contar el excéntrico gozo de que alguien le diga a una algo más que "ajá" o "sí, querida").
Después de los palacios y templetes de la Alhambra - es una citadella, hay muchos edificios moros y cristianos, de diferentes períodos, todos en el mismo lugar - fuimos a dar un paseo por la ciudad de Granada. Caminamos como dos horas, haciendo paradas hidratantes en todas las fuentes y bebederos que encontrábamos, y llegamos hasta un mirador desde el que se ve toda la ciudad. Nos perdimos en las callejuelas y pasajes andaluces (son casas blancas, con los típicos tejados y balconcitos) para desembocar en un mercado árabe, un shuck hecho y derecho, donde Luciana se compró unas babuchas coloridas. En un esfuerzo dietético - ayudada por el calor y los euros, que le sacan a uno las ganas de comer dulces - pude resistir la tentación de probar el mamul y el balawa en su versión ibérica - ojo, en Toledo sí que probé el mazapán, y en Ávila, una pasta de piñones que estaba de puta madre. Y para terminar el tour, fuimos a la catedral de Granada, donde están enterrados nada más y nada menos que los reyes católicos. Al verlos ahí, uno sólo puede llegar a la conclusión de que Isabel y Fernando sabían cómo ostentar poder. En Salamanca, por ejemplo, Isabel mandó a acortar las torres de todos los nobles de la ciudad, como símbolo de que mantuvieran la cabeza baja ante el poder real, razón por la que todas las torres salmantinas están mochas. Y como último guiño, en vez de hacerse enterrar en su tierra natal o en el lugar de residencia, los reyes eligieron el último reino ganado a los moros - el de Granada - como lugar para su descanso eterno. Dos hijos de puta con todas las letras (debo decir a su favor que no les guardo ya tanto rencor por haber echado a los judíos de España, después de todo, ¿qué judío puede sentirse a gusto en un lugar donde las patas de jamón cuelgan por doquier?).
Y además de Granada visitamos Mijas, un "pueblo blanco", desde el que se ve el Mediterráneo, lleno de balconcitos con flores y callecitas estrechas, una preciosidad.
El programa llegó a su fin, me despedí de mis alumnitos - hubo llantos - y tuve la suerte de que en el informe final, en el que tenían que calificar distintos aspectos del programa, todos me pusieran un excelente. Como a Lula también le fue muy bien, tengo la esperanza de que nos vuelvan a llamar el año que viene... De hecho, nos preguntaron si estaríamos disponibles, a lo que respondimos positivamente (por las dudas, claro, porque siempre cabe la posibilidad de que el año que viene esté laburando en algo más apasionante, jeje).
Como última aventura con los niños, nos hicieron llevarlos al aeropuerto de Málaga, donde Lula y yo debíamos embarcarlos para Madrid. Si bien nos alineamos en la fila correcta, mi poca experiencia en aeropuertos me llevó a preguntar, a modo de confirmación, si estábamos bien, y vine a enterarme de que el puto vuelo en el que iban mis niños había sido cancelado semanas antes. Hablé con un par de españoles, supliqué en argentino, y las niñas embarcaron en el vuelo en el que iban otros profes del programa, lo que, de paso, me eximió de la tarea de ocuparme de ellos en Madrid (en Madrid, yo debía llevarlas de una puerta a otra, para que tomaran su vuelo a Filadelfia). La consecuencia, en resumen, fue que zafé olímpicamente, porque al llegar a Madrid me fui con Marianete, que me vino a buscar, y pude empezar mis vacaciones el mismo 1ro de agosto, mientras otros profes no tuvieron esa suerte... Al día siguiente me enteré por mail de que el vuelo a Madrid (o sea, el segundo, en el que yo las había embarcado) había sido cancelado por causas climáticas, y tres profes tuvieron que quedarse en Madrid con los pibes, en un hotel... Hubiera sido un bajón tener que quedarme con los niños en Madrid, más todavía porque no nos lo pagaban, o sea, era "de onda", y en el programa nos hicieron hacer tantas cosas de onda que ya estaba un poquito hinchadita. Pero zafé, de puta casualidad.
Y hablando de suerte, les cuento una más. Hallábame yo algo aburrida en el hotel de Torremolinos, cuando vi una promo de Coca Cola Light que regalaba ipods a cambio del envío de un mensajito con un pin que venía en la tapita... Con el último euro que me quedaba en el teléfono - pagado por TASIS - marqué el numerito y me respondieron "enhorabuena, has ganado". Pero claro, el tema era que el fono no era mío, yo debía devolverlo al día siguiente. Con los 0.98 centavos restantes, llamé a Coca Cola, expliqué mi situación, me dijeron que me jodiera, que si el fono no era mío ellos no me podían contactar, pero yo insistí, lloré, apelé a mi condición de inmigrante... Conclusión, me van a mandar el ipod shuffle por correo a casa de Mariano (todavía no canto victoria, pero deberían enviármelo, che).
Y hablando de suerte, otra más: un amigo de Lula trabaja en Air Europa y me cambió el pasaje del 10 de agosto al 17, por la módica suma de una cerveza (ese cambio cuesta como 100 dls y me lo hace de onda el muy cachondo). Y lo más gracioso es que llegamos justo, porque el copado éste trabaja en Air Europa hasta este miércoles.
Y como si esto fuera poco, tenemos alojamiento de onda en Barcelona, por un amigo de Marianete. Hoy por la noche salimos a Barcelona en bus, es un viajecito de 8 horas (cuesta 100 euros para ambos ida y vuelta, contra el avión y el tren, que salen el doble). Estaremos ahí 5 días, hasta el viernes, y luego será cuestión de despedirse de Madrid (eso va a ser difícil).
Les mando besos, los extraño y los amo,
Juliette
Qué más da, antes de la vuelta, uno más.
Conocí Granada, finalmente. La Alhambra bien, nos habían dicho que era una de las siete maravillas del mundo, pero resultó ser luego que es la novena - o sea, no clasificó - así que, si quiero ver una maravilla antes de morir, no me quedará más remedio que viajar al Taj mahal (quién te dice, con esto de la enseñanza de español a extranjeros, en la primera de cambio me toca en la India). Vi el lugar donde vivía el Sultán: tenía una habitación para él y otras 4 para sus cuatro esposas oficiales, más otro sector reservado a concubinas varias. Todos los visitantes experimentamos la misma sensación: los hombres deseaban haber sido sultanes, para tener muchas mujeres, y nosotras deseamos haber sido esposas del susodicho, para vivir en el lujo del palacete (cierto que sexo les tocaba de vez en cuando, a causa del sistema rotativo, pero la ventaja de tener compañeras con las que criticar al sultán es un placer equivalente, y eso sin contar el excéntrico gozo de que alguien le diga a una algo más que "ajá" o "sí, querida").
Después de los palacios y templetes de la Alhambra - es una citadella, hay muchos edificios moros y cristianos, de diferentes períodos, todos en el mismo lugar - fuimos a dar un paseo por la ciudad de Granada. Caminamos como dos horas, haciendo paradas hidratantes en todas las fuentes y bebederos que encontrábamos, y llegamos hasta un mirador desde el que se ve toda la ciudad. Nos perdimos en las callejuelas y pasajes andaluces (son casas blancas, con los típicos tejados y balconcitos) para desembocar en un mercado árabe, un shuck hecho y derecho, donde Luciana se compró unas babuchas coloridas. En un esfuerzo dietético - ayudada por el calor y los euros, que le sacan a uno las ganas de comer dulces - pude resistir la tentación de probar el mamul y el balawa en su versión ibérica - ojo, en Toledo sí que probé el mazapán, y en Ávila, una pasta de piñones que estaba de puta madre. Y para terminar el tour, fuimos a la catedral de Granada, donde están enterrados nada más y nada menos que los reyes católicos. Al verlos ahí, uno sólo puede llegar a la conclusión de que Isabel y Fernando sabían cómo ostentar poder. En Salamanca, por ejemplo, Isabel mandó a acortar las torres de todos los nobles de la ciudad, como símbolo de que mantuvieran la cabeza baja ante el poder real, razón por la que todas las torres salmantinas están mochas. Y como último guiño, en vez de hacerse enterrar en su tierra natal o en el lugar de residencia, los reyes eligieron el último reino ganado a los moros - el de Granada - como lugar para su descanso eterno. Dos hijos de puta con todas las letras (debo decir a su favor que no les guardo ya tanto rencor por haber echado a los judíos de España, después de todo, ¿qué judío puede sentirse a gusto en un lugar donde las patas de jamón cuelgan por doquier?).
Y además de Granada visitamos Mijas, un "pueblo blanco", desde el que se ve el Mediterráneo, lleno de balconcitos con flores y callecitas estrechas, una preciosidad.
El programa llegó a su fin, me despedí de mis alumnitos - hubo llantos - y tuve la suerte de que en el informe final, en el que tenían que calificar distintos aspectos del programa, todos me pusieran un excelente. Como a Lula también le fue muy bien, tengo la esperanza de que nos vuelvan a llamar el año que viene... De hecho, nos preguntaron si estaríamos disponibles, a lo que respondimos positivamente (por las dudas, claro, porque siempre cabe la posibilidad de que el año que viene esté laburando en algo más apasionante, jeje).
Como última aventura con los niños, nos hicieron llevarlos al aeropuerto de Málaga, donde Lula y yo debíamos embarcarlos para Madrid. Si bien nos alineamos en la fila correcta, mi poca experiencia en aeropuertos me llevó a preguntar, a modo de confirmación, si estábamos bien, y vine a enterarme de que el puto vuelo en el que iban mis niños había sido cancelado semanas antes. Hablé con un par de españoles, supliqué en argentino, y las niñas embarcaron en el vuelo en el que iban otros profes del programa, lo que, de paso, me eximió de la tarea de ocuparme de ellos en Madrid (en Madrid, yo debía llevarlas de una puerta a otra, para que tomaran su vuelo a Filadelfia). La consecuencia, en resumen, fue que zafé olímpicamente, porque al llegar a Madrid me fui con Marianete, que me vino a buscar, y pude empezar mis vacaciones el mismo 1ro de agosto, mientras otros profes no tuvieron esa suerte... Al día siguiente me enteré por mail de que el vuelo a Madrid (o sea, el segundo, en el que yo las había embarcado) había sido cancelado por causas climáticas, y tres profes tuvieron que quedarse en Madrid con los pibes, en un hotel... Hubiera sido un bajón tener que quedarme con los niños en Madrid, más todavía porque no nos lo pagaban, o sea, era "de onda", y en el programa nos hicieron hacer tantas cosas de onda que ya estaba un poquito hinchadita. Pero zafé, de puta casualidad.
Y hablando de suerte, les cuento una más. Hallábame yo algo aburrida en el hotel de Torremolinos, cuando vi una promo de Coca Cola Light que regalaba ipods a cambio del envío de un mensajito con un pin que venía en la tapita... Con el último euro que me quedaba en el teléfono - pagado por TASIS - marqué el numerito y me respondieron "enhorabuena, has ganado". Pero claro, el tema era que el fono no era mío, yo debía devolverlo al día siguiente. Con los 0.98 centavos restantes, llamé a Coca Cola, expliqué mi situación, me dijeron que me jodiera, que si el fono no era mío ellos no me podían contactar, pero yo insistí, lloré, apelé a mi condición de inmigrante... Conclusión, me van a mandar el ipod shuffle por correo a casa de Mariano (todavía no canto victoria, pero deberían enviármelo, che).
Y hablando de suerte, otra más: un amigo de Lula trabaja en Air Europa y me cambió el pasaje del 10 de agosto al 17, por la módica suma de una cerveza (ese cambio cuesta como 100 dls y me lo hace de onda el muy cachondo). Y lo más gracioso es que llegamos justo, porque el copado éste trabaja en Air Europa hasta este miércoles.
Y como si esto fuera poco, tenemos alojamiento de onda en Barcelona, por un amigo de Marianete. Hoy por la noche salimos a Barcelona en bus, es un viajecito de 8 horas (cuesta 100 euros para ambos ida y vuelta, contra el avión y el tren, que salen el doble). Estaremos ahí 5 días, hasta el viernes, y luego será cuestión de despedirse de Madrid (eso va a ser difícil).
Les mando besos, los extraño y los amo,
Juliette
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