Los manuales de gramática española dicen que “sacapuntas” es una palabra compuesta. Esto significa que es una palabra que se escribe toda junta pero está constituida por unidades léxicas con significado independiente (verbo "saca" y sustantivo "punta"). En cambio, "control remoto" es una composición de palabras cuyas unidades se escriben por separado aunque su significado resulte del todo. Refraseo: mientras “sacapuntas” remite a un objeto que, no casualmente, saca la punta, “control remoto” remite a ese aparato que usamos para cambiar de canal sin movernos del sillón, pero en modo alguno podría referirse a cualquier clase de control a distancia (por ejemplo, eso que hacen las madres con los hijos podría llamarse también "control remoto", pero nos reservamos la expresión para referirnos al aparatito con botones).
Llegamos, entonces, al caso que nos compete: el fin de semana. "Fin de semana" es una composición de palabras que remitiría a un concepto - como "control remoto" o "cepillo de dientes". Ahora bien, ¿qué es el fin de semana? Sintagma enigmático, si los hay, que pretende ser final y principio, ser uno y dos.
Pero vámonos a otras latitudes (chicos: no imiten este experimento en su casa sin la supervisión de un adulto). En Israel, por ejemplo, al domingo lo llaman “iom rishon”, que equivale a “día primero”, y se trata de una jornada laboral, como nuestro lunes, y diferente del shabat, séptimo día en el que se descansa para recordar el relax de aquél primer gran ocioso. En Israel, entonces, el domingo es el primer día, no el último, lo cual nos lleva inexorablemente a preguntarnos si la tasa de suicidios se eleva durante ese iom rishon por ser equivelente a nuestro domingo o si, por el contrario, la gente tiende a suicidarse más por la tarde del día libre, esto es, el shabat. ¿Es el suicidio un problema nominal o laboral? Afortunadamente, no es nuestra función responderlo.
Volvamos a nuestro primer objeto de reflexión. ¿Cuándo empieza el fin de semana? O lo que es lo mismo, ¿cuándo empieza la semana a terminar? Hay quienes afirman que el fin comienza ya desde el principio, como si el nacimiento implicara la muerte o la mujer pariera sobre la tumba. Para depresivos y optimistas, el fin de semana comienza el mismísimo día lunes. Los que están alienados por sus pegajosas rutinas afirman que el miércoles es el medio y, como los chinos dicen que empezar es ir por la mitad, ir por la mitad sería terminar. Lo cual no quita que los amantes de la marihuana consideren que el fin de semana comienza el jueves, y los muy estresados, el viernes por la noche. Sin embargo, nadie – y esto es quizá lo más curioso – niega que, comience donde comience el fin de semana, sólo comprende dos días, a saber, el sábado y el domingo.
Pero “fin de semana” debería ser una composición de palabras y, por lo tanto, remitir sólo a un concepto aunque expresado en tres unidades léxicas, lo que, obviamente, no se ajusta al caso que nos compete porque, muy por el contrario, son dos los conceptos que debieran unificarse en una cadena de fonemas, a saber: sábado y domingo. El fin de semana debe ser uno que remita a dos y no tres que expresen uno. Postulamos, por fin, para zanjar estas cuestiones y poder suicidarnos cuando se nos dé la gana, un neologismo: “SABADOMINGO” que bien contiene dos en uno y marca adecuadamente la inexistencia de límites entre esos dos días que, a fuerza de amigos, alcohol, cigarrillos, una pizca de droga y algo de rock, se empeñan en ser un continuum de horas transcurridas en la constante exitación que ocasiona el deseo ferviente de que no sea, bajo ningún concepto, domingo por la tarde. Y ahí sí, llegamos al final.
Llegamos, entonces, al caso que nos compete: el fin de semana. "Fin de semana" es una composición de palabras que remitiría a un concepto - como "control remoto" o "cepillo de dientes". Ahora bien, ¿qué es el fin de semana? Sintagma enigmático, si los hay, que pretende ser final y principio, ser uno y dos.
Pero vámonos a otras latitudes (chicos: no imiten este experimento en su casa sin la supervisión de un adulto). En Israel, por ejemplo, al domingo lo llaman “iom rishon”, que equivale a “día primero”, y se trata de una jornada laboral, como nuestro lunes, y diferente del shabat, séptimo día en el que se descansa para recordar el relax de aquél primer gran ocioso. En Israel, entonces, el domingo es el primer día, no el último, lo cual nos lleva inexorablemente a preguntarnos si la tasa de suicidios se eleva durante ese iom rishon por ser equivelente a nuestro domingo o si, por el contrario, la gente tiende a suicidarse más por la tarde del día libre, esto es, el shabat. ¿Es el suicidio un problema nominal o laboral? Afortunadamente, no es nuestra función responderlo.
Volvamos a nuestro primer objeto de reflexión. ¿Cuándo empieza el fin de semana? O lo que es lo mismo, ¿cuándo empieza la semana a terminar? Hay quienes afirman que el fin comienza ya desde el principio, como si el nacimiento implicara la muerte o la mujer pariera sobre la tumba. Para depresivos y optimistas, el fin de semana comienza el mismísimo día lunes. Los que están alienados por sus pegajosas rutinas afirman que el miércoles es el medio y, como los chinos dicen que empezar es ir por la mitad, ir por la mitad sería terminar. Lo cual no quita que los amantes de la marihuana consideren que el fin de semana comienza el jueves, y los muy estresados, el viernes por la noche. Sin embargo, nadie – y esto es quizá lo más curioso – niega que, comience donde comience el fin de semana, sólo comprende dos días, a saber, el sábado y el domingo.
Pero “fin de semana” debería ser una composición de palabras y, por lo tanto, remitir sólo a un concepto aunque expresado en tres unidades léxicas, lo que, obviamente, no se ajusta al caso que nos compete porque, muy por el contrario, son dos los conceptos que debieran unificarse en una cadena de fonemas, a saber: sábado y domingo. El fin de semana debe ser uno que remita a dos y no tres que expresen uno. Postulamos, por fin, para zanjar estas cuestiones y poder suicidarnos cuando se nos dé la gana, un neologismo: “SABADOMINGO” que bien contiene dos en uno y marca adecuadamente la inexistencia de límites entre esos dos días que, a fuerza de amigos, alcohol, cigarrillos, una pizca de droga y algo de rock, se empeñan en ser un continuum de horas transcurridas en la constante exitación que ocasiona el deseo ferviente de que no sea, bajo ningún concepto, domingo por la tarde. Y ahí sí, llegamos al final.
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