Subject: Sigue el viajecito...
Qué les puedo contar...
El otro día fuimos a Segovia y nos metimos en el alcázar, castillo medieval en el cual se inspiró Walt Disney para diseñar el de la cenicienta. No puedo explicar lo que es eso (otra que Epcot). Desde el castillo se ve un bosque que parece mágico, y adentro hay armaduras de caballeros y relieves sobredorados de todos los reyes de España. Y después vimos el acueducto, de 2000 años de antigüedad, construido por los romanos en Segovia. Durante el tiempo libre, con Lula nos fuimos caminando por ahí y nos perdimos por las callecitas segovianas. Debíamos encontrarnos con el resto de la gente en uno de los tantísimos arcos del acueducto, pero no sabíamos cómo volver. Paramos a una lugareña y le preguntamos "disculpe, ¿cómo podemos llegar al acueducto?" Y la mujer nos respondió "pues depende, puedes llegar por muchos sitios" y se quedó mirándonos en silencio. Si no fuera porque le insistí con un "¿por ejemplo....?", hoy todavía estaríamos en Segovia.
Después fuimos a Ávila, única ciudad que conserva intactas sus murallas desde la Edad Media (tienen mil años las murallas, son un poco más jóvenes que el acueducto). Ahí me comí un dulce con piñones que no les cuento. Y el domingo tuvimos "despedida de Salamanca" y comimos paella, rabas, etc (lástima, nos sacaron de nuestro menú cotidiano de salmón con ensalada y queso feta). Mejor aún que la comida fue el espectáculo que vimos. Vino un grupete de gitanos a cantar y bailar para nosotros y, como los padres de los niños tienen mucho dinero (los niños son hijos de diplomáticos, la plata que tienen no se puede creer, algunos viven en la avenida más cara de New York), trajeron a un grupo muy bueno, montaron un escenario de madera y la bailaora lo zapateó hasta casi romperlo. Los músicos eran excelentes, y la bailarina impresionante (el cuerpo que tenía esa mujer, los músculos, el ritmo, fuera de serie).
Y para terminar, el director del programa nos invitó a la terraza de un hotelazo a tomar un licorcito, y bebimos mirando la iglesia de San Esteban, que es monumental, toda iluminada - y dorada, lógicamente - y escuchando otro concierto de jazz. Los salmantinos están medio fanatizados con el jazz, no sé qué les pasa (Marianete opina al respecto: "pero tía, eso parece Nueva Orleáns, joder").
En cuanto a los niños: a mi alumnito árabe casi lo echan por besar a una norteamericana sobre una mesa de ping pong (en realidad, casi lo echan por tarado, porque bien podría haber encontrado otro rincón), al portorriqueño y al ítalo-brasilero no los dejan salir porque casi se cagan a trompadas con unos españoles que los acosaron, y una de mis alumnas está al pie del cañón por haberse emborrachado hasta la médula. Y mis alumnitos judíos neoyorquinos se sacan buenas notas, ponen cara de niños aplicados y zafan de todas las sanciones, aunque bien sé que son iguales o peores que los otros, pero hasta ahora no los agarraron en ningún chanchuyo.
Mañana salimos para Costa del Sol, y en una semana empiezan mis vacaciones (esto es "trabajar", me río de janeiro).
Qué les puedo contar...
El otro día fuimos a Segovia y nos metimos en el alcázar, castillo medieval en el cual se inspiró Walt Disney para diseñar el de la cenicienta. No puedo explicar lo que es eso (otra que Epcot). Desde el castillo se ve un bosque que parece mágico, y adentro hay armaduras de caballeros y relieves sobredorados de todos los reyes de España. Y después vimos el acueducto, de 2000 años de antigüedad, construido por los romanos en Segovia. Durante el tiempo libre, con Lula nos fuimos caminando por ahí y nos perdimos por las callecitas segovianas. Debíamos encontrarnos con el resto de la gente en uno de los tantísimos arcos del acueducto, pero no sabíamos cómo volver. Paramos a una lugareña y le preguntamos "disculpe, ¿cómo podemos llegar al acueducto?" Y la mujer nos respondió "pues depende, puedes llegar por muchos sitios" y se quedó mirándonos en silencio. Si no fuera porque le insistí con un "¿por ejemplo....?", hoy todavía estaríamos en Segovia.
Después fuimos a Ávila, única ciudad que conserva intactas sus murallas desde la Edad Media (tienen mil años las murallas, son un poco más jóvenes que el acueducto). Ahí me comí un dulce con piñones que no les cuento. Y el domingo tuvimos "despedida de Salamanca" y comimos paella, rabas, etc (lástima, nos sacaron de nuestro menú cotidiano de salmón con ensalada y queso feta). Mejor aún que la comida fue el espectáculo que vimos. Vino un grupete de gitanos a cantar y bailar para nosotros y, como los padres de los niños tienen mucho dinero (los niños son hijos de diplomáticos, la plata que tienen no se puede creer, algunos viven en la avenida más cara de New York), trajeron a un grupo muy bueno, montaron un escenario de madera y la bailaora lo zapateó hasta casi romperlo. Los músicos eran excelentes, y la bailarina impresionante (el cuerpo que tenía esa mujer, los músculos, el ritmo, fuera de serie).
Y para terminar, el director del programa nos invitó a la terraza de un hotelazo a tomar un licorcito, y bebimos mirando la iglesia de San Esteban, que es monumental, toda iluminada - y dorada, lógicamente - y escuchando otro concierto de jazz. Los salmantinos están medio fanatizados con el jazz, no sé qué les pasa (Marianete opina al respecto: "pero tía, eso parece Nueva Orleáns, joder").
En cuanto a los niños: a mi alumnito árabe casi lo echan por besar a una norteamericana sobre una mesa de ping pong (en realidad, casi lo echan por tarado, porque bien podría haber encontrado otro rincón), al portorriqueño y al ítalo-brasilero no los dejan salir porque casi se cagan a trompadas con unos españoles que los acosaron, y una de mis alumnas está al pie del cañón por haberse emborrachado hasta la médula. Y mis alumnitos judíos neoyorquinos se sacan buenas notas, ponen cara de niños aplicados y zafan de todas las sanciones, aunque bien sé que son iguales o peores que los otros, pero hasta ahora no los agarraron en ningún chanchuyo.
Mañana salimos para Costa del Sol, y en una semana empiezan mis vacaciones (esto es "trabajar", me río de janeiro).
No hay comentarios:
Publicar un comentario